Imparcialidad imprescindibleSi el Defensor del Pueblo pierde su autonomía, tan necesaria e ineludible a la hora de tomar partido en situaciones problemáticas y se somete a los dictados del Gobierno, también pierde credibilidad ante la opinión pública y la propia ciudadanía. Tal situación mella en sumo grado el propio rol del Defensor, al mismo tiempo que lesiona el espíritu democrático que debe prevalecer en su accionar cotidiano.